
A veinte años de su nacimiento, POTQ Magazine comienza hoy una nueva etapa. Bárbara Carvacho y Javiera Tapia dejamos la edición y dirección del sitio, respectivamente y el proyecto vuelve a cambiar, al mando de Felipe Arriagada, su creador.
Cuando llegamos en 2014 a la edición y dirección de POTQ Magazine, el panorama era completamente distinto, en el amplio sentido. Los grandes festivales de música en el país marcaban una incipiente huella con no más de tres años de recorrido, las discográficas transnacionales aún no volvían a fichar artistas locales y el uso de las redes sociales, aún cuando ya llevaban varios años, no cambiaba del todo el modelo en el que las audiencias se informaban. Eso era afuera. Por dentro, POTQ Magazine también era algo diferente. El equipo estaba compuesto en su mayoría por hombres, el abanico de géneros musicales que abarcaba estaba más orientado al indie rock y seguía la línea de un periodismo musical más tradicional, con reseñas de discos, entrevistas y críticas de conciertos.
Llegamos con nuevas ideas y nuevas propuestas que Felipe Arriagada aceptó y abrazó siempre con entusiasmo. En todo el tiempo que él se mantuvo como director y nosotras como periodistas y editoras, nos dio completa libertad para hacer lo que más nos gusta: pensar y escribir sobre música. Y, en ese momento, aquello significaba algo diferente. Significaba nuevos puntos de vista y crítica cultural desde diferentes perspectivas, incluida la feminista. Porque la música aparece en todos los momentos de nuestras vidas y está hecha por personas.
Con el giro de esta línea editorial, como cada vez que un cambio sucede, hubo adeptos y detractores. Eso está bien. Lo importante es que durante una década tuvimos la completa libertad para hacer periodismo musical de calidad, aún con los tiempos cambiantes y cada vez más precarios para el oficio. Durante una década pudimos escribir sobre todo lo que pasa en la vida gracias a la música. Logramos que la lectoría se equilibrara en números: muchos meses las mujeres superaron en lectores a los hombres y se sintieron parte de una comunidad, algo extraño para un proyecto de periodismo musical que, en general, tradicionalmente ha apuntado al segmento masculino como su predilecto (hace poco Pitchfork pasó a manos de GQ, por ser considerado por la empresa editora como algo de interés para hombres). Diez años antes, quienes no se sentían representadas en la crítica y el periodismo musical, se sintieron parte. Conversaron, debatieron, comentaron. Y la comunidad de POTQ Magazine se comenzó a parecer más al mundo que habitamos.
Escribimos reportajes en profundidad, investigamos. Sentamos un precedente muy importante para el periodismo en general en la Corte Suprema, luego de recibir una querella luego de una de esas investigaciones. Nos divertimos también y aprendimos muchísimo sobre el oficio de escribir, sobre la escucha atenta, sobre nunca dejarnos de sorprender. Aprendimos mucho de periodismo haciéndolo. Y eso fue gracias a Felipe Arriagada que siempre confió en nosotras, hasta que dejó la dirección, como quien le dice a un hijo “tú ahora puedes solo, anda”. También todo este trabajo fue posible gracias, por supuesto, a todos y todas las artistas que siempre vieron en POTQ Magazine un lugar en el que poder conversar abiertamente sobre sus procesos y también gracias a las y los trabajadores de la escena musical que hicieron posible y muchas veces más amable nuestro trabajo. Gracias por la confianza, siempre.
POTQ Magazine ya es un adulto joven, con un archivo que -como lectoras- nos parece invaluable sobre las últimas dos décadas de la música en Chile y estamos emocionadas y agradecidas por haber podido dedicar tantos años a esto, sin parar. Ahora este proyecto vuelve a Felipe Arriagada y estamos seguras que en esta nueva etapa, POTQ Magazine va a seguir haciendo lo que nos hizo enamorarnos del proyecto hace tantos años: adorar y escribir sobre la música que amamos.
¿Por qué es tan difícil hacer cosas fáciles? ¿Cuánto ha cambiado la percepción de facilidad en los últimos años?, ¿Qué es realmente fácil? Fácil es esa movilizadora urgencia de querer registrar lo que se escucha, siente y ve. Que quede prueba sentida de lo que fuimos y somos, que se fuga en esas hormigas cerebrales cuando escuchamos un disco, en brazos al aire de euforia, en pasos erráticos, en afectos, en ruido y recuerdos imborrables.
Lo que no es fácil es el cambio. Aunque es igual de movilizador, ver cómo textos se reducen a carruseles, pensamientos y reflexiones en historias de Instagram no es fácil. Adaptarse es fundamental, sobrevivir también. Hicimos este registro de manera apasionada y gratuita durante todo el tiempo que pudimos. Dejamos lágrimas, muchas, sobre los textos que están alojados en esta página. Tuvimos dolores, juicios, malos comentarios y mucho, mucho amor. Qué más quisiéramos que poder pagar la vida con palabras, lágrimas y amor. Pero no se puede todavía, y cuidar la salud mental y el descanso es la forma de poder seguir registrando.
Lo que no es fácil es soltar, pero sí el desear la vida eterna.
A POTQ, ‘Live Forever’.
Bárbara Carvacho y Javiera Tapia Flores.